No lucen una talla 34, no tienen una piel que no sabe de celulitis y tampoco se asustan con el número indicado en su báscula. Por ello sufren todo tipo de prejuicios y discriminaciones. Estas mujeres (y hombres) no siguen al pie de la letra los dictados de belleza que nos arropan de una forma cada vez más incontrolada y son víctimas del fenómeno llamado “Gordofobia”, o lo que es lo mismo, el miedo a la gordura. Constantemente juzgadas por su cuerpo que no entran en las normas, su soledad y desamparo suelen ser totales.

Este rechazo hacia la gordura se ha fortalecido con la explosión de las redes sociales, espejo de perfección imaginaria, que permite conformar una realidad deseada. Aunque son cada vez más las ‘influencers’ plus size que destacan en la red, y esencialmente en Instagram, con hashtags esperanzadores como #SizeBeauty, las críticas siguen siendo numerosas. Ejemplo de ello fue el cierre de la cuenta de la ‘instagramer’ Natalia Lozano. La joven, que comparte a diario sus fotos en la red Instagram y cuenta con más de 150.000 seguidores, presume de curvas a través de imágenes sensuales. Una denuncia masiva fue presentada por un grupo de usuarios, literalmente asqueados por su cuerpo, y consiguieron el cierre parcial por “contenidos indebidos”.

Daria Marx y Eva Perez-Bello del colectivo “Gras Politique” decidieron acabar con esta discriminación con la redacción del libro Gros n’est pas un gros mot (“Gordo no es una palabrota”).